Jornada 19

Personas en esteras individuales distribuidas por sala zen

Todos los seres que encarnamos en este planeta, traemos dones. Todos. Sin excepción alguna.

Hay quien trae el don de la Clarividencia, o el don de la Mediumnidad, o el de Sanar con las manos y las energías, el de hablar con los animales, el de ver las oportunidades, o el de saber escuchar. Hay infinitos dones.

Sí, saber escuchar también es un don. Hay personas a las que sus amigos llaman solo para explicarles un problema. Y entiendo que aquel que tenga este don esté hasta las narices de que todo el mundo le cuente sus penas, pero es lo que hay.

Expresión más intensa en el amigo que habla

Mi padre decía: «Los males comunicados, si no son remediados, al menos son aliviados». Porque, ciertamente, ocurre algo especial cuando una persona expone en voz alta lo que le está perturbando. De repente se ve una luz al final del túnel, o se aprecian mejor los matices de una conversación del pasado… o aparece una solución inesperada. Pero cuando no hay nadie enfrente escuchando, es difícil hablar en voz alta.

Lo bueno es que el que escucha, la mayoría de las veces no tiene que hacer nada más. No es necesario ni tan siquiera que dé su opinión, si no se la piden (muy a nenudo es lo mejor). Pero… ese saber escuchar, es un don que no tiene todo el mundo.

Y yo tengo un lema: «Si tienes un don, es para que lo uses«.

Tengo una amiga que con 7-8 años podaba las macetas. Su padre le decía: «Niña, te vas a cargar las plantas con esas tijeras». Y ella le respondía: «No, papá. Solo hago lo que la planta me pide que le haga». Evidentemente, tenía un don que hasta muchos años después no descubrió que era especial.

Stone dining table set with dishes and orchids in a glass conservatory

Reconozco que ese don yo no lo he tenido nunca. A mí se me mueren todas las plantas, y no por falta de riego, sino por exceso. Tendríais que ver hoy su casa. Parece un oasis, un vergel de vida, una explosión de abundancia.

EL GRAN DESCUBRIMIENTO

Hace 9 años, y por petición de un grupo de amigas, comencé a hacer meditaciones grupales en casa de una de ellas. Eran una media de entre 5 y 8 personas, las que se reunían cada 15 días para asistir a estas meditaciones.

En aquella época yo solo tenía 4 por escrito, que además habían salido del primer curso que yo hice de Terapia Regresiva, al que le debo mi actual profesión. Eso significó que a la vuelta de 2 meses, tuve que ponerme a escribir nuevas meditaciones, ya que el grupo me comentaba lo bien que les estaban viniendo para su autoconocimiento y su expansión personal.

La anfitriona, concretamente, era una joven con mucha sensibilidad y una gran capacidad para entrar en hipnosis y «ver» todo lo que yo les pedía. Y también solía ser la primera en contar todo lo que había visto y sentido después de cada sesión. Por eso me sorprendió tanto que una tarde se quedara muda.

People preparing for meditation on cushions in a Japanese-inspired studio

Al terminar una meditación que yo había creado especialmente para averiguar cuál era nuestra misión en esta vida actual, de casi 2 horas de duración, la muchacha me indicó con un gesto que le preguntara a otro participante. Ella estaba llorando, y tenía un nudo en la garganta que no la dejaba hablar.

Cuando por fin pudo reponerse, nos explicó a todos que desde pequeña tenía un don que muy poca gente conocía. Solía ocultarlo y renegar de él como si fuera una maldición. Y ACABABA DE DESCUBRIR QUE ESE DON LO PIDIÓ ELLA MISMA. Y además, ahora sabía lo más importante: PARA QUÉ.

Lo recuerdo como uno de los momentos más mágicos de aquella época tan bonita.

Ahora le tocaba lidiar con el descubrimiento. Aceptar que tenía que aprender a vivir de nuevo, pero esta vez desde otra perspectiva de la vida.

Se apuntó a un par de cursos y comenzó a utilizar su don para ayudar a las personas que se lo pedían. Y me consta que hoy es una gran terapeuta.

Si tú, lector, estás en esa situación; si tienes un don especial del que reniegas, o que no sabes bien cómo utilizar; pide ayuda. Busca un buen hipnólogo. Con una sola sesión tendrás todas las respuestas que necesitas para vivir una vida totalmente diferente a la que creías que te tocaba experimentar. Y te aseguro que más provechosa y mucho más plena que la actual.

Ahí lo dejo.

Gracias por leerme y por cohabitar en este momento este planeta.

Natividad Castejón

Publicado por Natividad Castejón

Nací en Barcelona en 1966, y con 26 años me mudé a Málaga. Aunque la mayor parte de mi vida profesional se ha desarrollado dentro del ámbito bancario, a los 37 años descubrí el mundo de la hipnosis que tanto me había fascinado desde pequeña. Así que en un momento determinado de mi vida, decidí dar el salto. Desde entonces he podido atender y ayudar a cientos de pacientes. También he escrito varios artículos que publico en un periódico digital local, fruto de mis experiencias con las sesiones, o bien de mi propio crecimiento personal. A través de esta página me gustaría llegar a más personas, y mandarles desde aquí un mensaje de esperanza, ya que las soluciones a esos problemas que ahora nos agobian, existen; y en la inmensa mayoría de las ocasiones se trata únicamente de TOMAR DECISIONES, por muy duras que parezcan en un principio. Gracias por estar ahí.

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