Jornada 18

Center Muslim women; summer-dressed pedestrians; sunny day

Unos meses atrás me crucé en la calle con dos mujeres musulmanas, vestidas con sus típicos hiyabs. Yo iba sonriendo, respirando el aire de la mañana, disfrutando del sol en la cara. Se me quedaron mirando sin decir una palabra, y supuse que estarían pensando: «¿Y esta, de dónde se ha escapado?».

Porque, ciertamente, hoy día es muy difícil ver personas sencillamente disfrutando del paseo al supermercado, o sonriéndole al sol de la primavera, después de varios días de lluvia.

O más bien, es difícil encontrar personas que disfrutan de la vida, en general.

Luego me asaltó una duda: Si una de esas mujeres me hubiera preguntado (solo por curiosidad), cuál era mi religión, lo hubiera tenido complicado para responder.

EL TEMA DE LA RELIGIÓN

Es verdad que mis padres me bautizaron en la fe católica, y que hice la Primera Comunión, como todo buen cristiano. Incluso hice la Confirmación. Pero luego la cosa se torció y ya no quise casarme por el rito de la Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica y Romana. No me vibraba bien.

Add stone Buddha beside her, incense burning

Cuando me metí en la etapa de crecimiento espiritual, me acerqué a la religión budista, como todos los iniciados. Pero tampoco llegué a integrarme del todo. Sí, tengo varios Budas en mi casa (5 para ser exactos); quemo incienso; me gusta escuchar mantras; me pongo mi mala para trabajar o meditar; e incluso tengo mi cuenco tibetano, con el que limpio bajas vibraciones de mi hogar. Pero también llevo al cuello un Hamsa azul que me regaló una amiga, y otro grande que tengo en la nevera con un imán; llevo un hexagrama en mi bolso, y tengo un Sagrado Corazón de Jesús (que me regaló un amigo hace 30 años) en mi mesita de noche, al que le dedico mis oraciones.

Entonces… ¿cuál sería mi religión?

No tengo.

Lo más parecido a una religión ahora mismo, es seguir los dictados de mi corazón.

Y me doy cuenta de que eso es lo que he hecho casi siempre. La mayor parte de las decisiones de mi vida, las he tomado preguntándole a mi corazón (o a mi Yo Superior). Tanto con resultado positivo, como con resultado negativo. Y por eso mismo estoy tranquila, porque todo fue por y para algo. Todo tuvo como resultado una lección. O varias.

Woman with curly hair in green shirt applying skincare in bathroom mirror

Y luego me asaltó otra curiosidad: ¿Realmente existe en este planeta alguna «religión» verdadera? Y la respuesta de mi Yo Superior (o mi corazón) fue: «No. O todas son verdaderas, o todas son falsas. Pero no hay una mejor que otra«.

Y lo cierto es que, independientemente de la religión que profesemos, lo que nos espera al otro lado de la muerte es exactamente igual para todos. De hecho, es tan maravilloso, que las palabras se quedan cortas para expresar todo el AMOR que hay allí.

Veréis: nos pasamos toda la vida anhelando un Amor inmenso que sabemos que existe, pero aquí no lo podemos encontrar, salvo en nuestro corazón. Porque ese gran Amor solo existe al otro lado.

¡Pero ojo! Curiosamente, si nos vamos de este juego antes de tiempo, tampoco lo encontraremos. Pues lo que obtenemos al otro lado, lejos de estar condicionado por nuestra religión, lo está por nuestro nivel de conciencia. Y alguien que «abandona el juego» antes de que termine, está en un nivel de conciencia muy bajo. Es importante tenerlo en cuenta, porque mucha gente cree que «quitarse de en medio» es la única salida, y no lo es.

De hecho, cuando una persona está viviendo una situación insostenible, es precisamente una de las lecciones más valiosas de la Vida: aprender a decir «Basta». A nivel personal, familiar, social, laboral, económico, escolar, de pareja, o el que sea.

Woman standing on cliff with arms open wearing rope and chains, supporters clapping behind her

Aprender a decir «Se acabó», y buscar el verdadero camino de salida, es una de las lecciones más importantes. Y cuando la aprendes, dejas de tenerle miedo a empezar desde 0 en otro lugar, con otro paisaje, con otras 4 paredes, con otra pareja, con otro empleo, o con otros amigos…

Pero se nos olvida por completo que nuestro gran AMOR siempre seremos nosotros mismos.

A ver si consigo explicarlo. Nuestro corazón y nuestra mente, son como 2 identidades diferentes. Nos conocimos antes de nacer, y nos acompañaremos hasta el último suspiro de este cuerpo. ¿De quién más podemos decir esto mismo? Y aún así, nos conocemos tan poco…

Preferimos emplear nuestro tiempo en conocer a otros, y el Gran Desconocido somos nosotros mismos.

He tenido pacientes que me decían: «No me gusta quedarme en silencio, porque tengo miedo de encontrarme a mí mismo». Y me han dado ganas de llorar. Creo que descubrir que hay personas que no confían en sí mismas, es de las cosas más duras que he visto en consulta.

Los que hayáis leído la Jornada 10 de mi blog, entenderéis que para llegar a ser lo que somos hoy, hemos tenido que pasar por muchas lecciones y muchos niveles.

Primero hemos sido verdugos y «odiadores» en muchas vidas, luego hemos sido víctimas en otras tantas, y finalmente pasamos por el rol del observador: no doy, no recibo, solo observo intentando ser neutral.

Y al final del todo, para los más iluminados, las vidas de servicio y entrega a los demás.

Entonces… ¿de qué tenemos miedo? ¿De no saber perdonarnos a nosotros mismos?

¡Ay! La Lección del Perdón. Una de las más difíciles de aprender y asimilar. Esa que aparece en todos los Textos Sagrados desde los confines de los tiempos, y sin embargo tan difícil de poner en práctica…

Esa lección que por fin entendemos con claridad en los últimos suspiros de la vida, cuando ya es tarde para rectificar. Cuando finalmente bajamos la guardia y derrumbamos todos los muros que un día constuímos para protegernos. Cuando creemos que de ello depende lo que encontremos al otro lado.

Pero no. Nada de esto tiene que ver con la religión que se profese. Lo único realmente importante al otro lado, es el nivel de conciencia adquirido con el pasar de los años, y «llevar los deberes hechos».

Con todo mi Amor, saludos a todos mis lectores, sean de donde sean, y veneren al Dios que veneren,

Natividad Castejón

Publicado por Natividad Castejón

Nací en Barcelona en 1966, y con 26 años me mudé a Málaga. Aunque la mayor parte de mi vida profesional se ha desarrollado dentro del ámbito bancario, a los 37 años descubrí el mundo de la hipnosis que tanto me había fascinado desde pequeña. Así que en un momento determinado de mi vida, decidí dar el salto. Desde entonces he podido atender y ayudar a cientos de pacientes. También he escrito varios artículos que publico en un periódico digital local, fruto de mis experiencias con las sesiones, o bien de mi propio crecimiento personal. A través de esta página me gustaría llegar a más personas, y mandarles desde aquí un mensaje de esperanza, ya que las soluciones a esos problemas que ahora nos agobian, existen; y en la inmensa mayoría de las ocasiones se trata únicamente de TOMAR DECISIONES, por muy duras que parezcan en un principio. Gracias por estar ahí.

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