Jornada 5

Me vais a matar. Lo sé, y lo entiendo. Hace como 2 años que no paso por aquí. Mi excusa es que pienso que no me lee nadie, y luego descubro que hay gente que me comenta cosas que le han gustado o no de esta página web a la que voy dirigiendo a mis seguidores en facebook o Instagram. Saludos a todos ellos.

Y como ofrenda, aquí os dejo un nuevo artículo que he escrito, después de 3 años sin coger un bolígrafo.

CÓMO SUPERAR UN TRAUMA

Un trauma es una experiencia dolorosa vivida en esta u otras vidas, que condiciona nuestro pensamiento y/o comportamiento.

A ver… Hago hincapié en lo de «otras vidas» porque hay personas que tienen un trauma (por ejemplo) con las alturas, cuando en esta vida nunca han tenido ninguna vivencia importante al respecto.

A lo mejor han vivido toda la vida en un bajo o un primero, pero no pueden subirse a una escalera de mano más de un metro y medio, porque se marean. Y no hablemos ya de asomarse por un balcón o ventana de un primer piso hacia arriba, porque se desmayan solo con pensarlo.

Es evidente, en estos casos, que el trauma no estaría en esta vida, sino en una anterior.

Pero al margen de esta aclaración, una vez puestos «nombre» y «cara» a un trauma que marcó un antes y un después en la vida; hay tres cosas que una persona puede hacer con él, además de usarlo como explicación y pretexto a su comportamiento actual o su carácter.

A saber:

1. Enmarcarlo y colgarlo en la pared.

Esto es: me lo pongo en un lugar visible donde pueda revivirlo todos los días mientras me compadezco, con el consiguiente aumento de cortisol en mi sangre; admitiendo como válida la culpabilidad de otros que conocen mi tema, y aún así me meten el dedo en la llaga una y otra vez; y observando como mero expectador cómo mis órganos vitales se van deteriorando poco a poco a causa de ese chute de cortisol que me administro yo solit@ cada vez que contemplo mi herida, o me la muestran los demás.

2. Guardarlo en un cajón y olvidarlo.

La mente humana tiene un mecanismo muy poderoso para superar un trauma y es borrarlo todo. Borrar acontecimientos concretos, días, meses o años enteros de la vida de una persona para poder continuar sin ahogarse en la pena. Amnesia selectiva, se llama. O sea, que voluntaria o involuntariamente, lo borro todo, no existió, y mi vida continúa como si nada. Podría estar hablando directamente con mis «verdugos», porque en mi cabeza no ocurrió nada destacable, pero sí se me enciende un piloto rojo que no llego a comprender del todo.

3. Tratarlo como una tarea y gestionarlo.

Cada trauma es una lección. Está ahí para entender algo. Podemos vivir con él, contra él, además de él, detrás de él… o superarlo. Para ello, le dedico el tiempo necesario; lo miro cara a cara (desde el amor, si es posible), lo enfrento con valor; le exprimo la lección que traía para mí; le pido perdón o perdono a todos los implicados (incluíd@ yo); y la integro en mi corazón, para que nada ni nadie me vuelva a meter el dedo en esa herida.

Esta última opción, qué duda cabe, requiere de una dosis muy alta de capacidad para enfrentar los hechos y personas involucradas. Un arrojo y un coraje que no todo el mundo posee, o que aún teniéndolo, no están dispuestos a revivir una situación, ya sea por orgullo o por miedo al resultado final.

Por todo esto, una persona que es capaz de acudir a terapia (es decir, elegir la opción 3), ya tiene un recorrido hecho. Ya ha superado las opciones 1 y 2. Ya ha pasado la fase de víctima, y la fase de «aquí-no-ha-pasado-nada»,  para centrarse en la lección real que trae consigo una vivencia. Y no todos están capacitados para llegar hasta aquí.

Las personas que se acercan hasta mi consulta son verdaderos toreros, y desde aquí les muestro mi más profunda admiración. Puede que la solución y la liberación no lleguen con una sola sesión, pero te aseguro que llegan. Y cuando esto sucede, se convierte en la más maravillosa de las experiencias.

Namasté.

Gracias y saludos,

Natividad Castejón

Publicado por Natividad Castejón

Nací en Barcelona en 1966, y con 26 años me mudé a Málaga. Aunque la mayor parte de mi vida profesional se ha desarrollado dentro del ámbito bancario, a los 37 años descubrí el mundo de la hipnosis que tanto me había fascinado desde pequeña. Así que en un momento determinado de mi vida, decidí dar el salto. Desde entonces he podido atender y ayudar a cientos de pacientes. También he escrito varios artículos que publico en un periódico digital local, fruto de mis experiencias con las sesiones, o bien de mi propio crecimiento personal. A través de esta página me gustaría llegar a más personas, y mandarles desde aquí un mensaje de esperanza, ya que las soluciones a esos problemas que ahora nos agobian, existen; y en la inmensa mayoría de las ocasiones se trata únicamente de TOMAR DECISIONES, por muy duras que parezcan en un principio. Gracias por estar ahí.

Deja un comentario